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sábado, 27 de marzo de 2010

POR QUE NOS ENFERMAMOS?


Siembra un  pensamiento y cosechas una acción.
Siembra una acción y cosechas un hábito.
Siembra un hábito y cosechas un carácter.
Siembra un carácter y cosechas un destino.

Adagio Hindú

Por años nos hemos acostumbrado a encuadrar a la enfermedad como aquel proceso que irrumpe en nuestro cuerpo físico y mediante el cual, perdemos la armonía y entonces algo externo tiene que venir a nuestro auxilio para recuperar el estado anterior.


Pues bien, ya es tiempo de culminar con esa visión errónea y  pasiva, para comenzar a entender que la medicina está en nosotros y no la usamos y que la enfermedad viene de nosotros y no nos damos cuenta.


Hemos vivido en la ilusión de considerar como enfermedad, lo que en verdad es una intensa limpieza de la trinidad Espíritu- mente y cuerpo, que desde lo Alto se nos concede para poder eliminar las toxinas que pacientemente hemos acumulado, y de esa manera, despojarnos de la suciedad para poder volver a brillar, abriendo nuestro espíritu a lo positivo.


Todo lo que ingresa como toxina, será indefectiblemente eliminado. Es una ley del Universo. Hemos sido diseñados para funcionar de una manera inteligente.


El cuerpo – máquina perfecta- con su sabiduría, pondrá en marcha mecanismos de defensa para limpiarse y recuperar su salud.


Solo que nosotros, con nuestra mentalidad materialista y profundamente ignorante de esos mecanismos, tendemos a impedir que ese orden perfecto se desarrolle.


Entonces que hacemos? Cuando aparece un síntoma como la fiebre, eliminaciones a través de por ejemplo vómitos, diarrea, secreciones, erupciones etc., rápidamente nos apresuramos a tapar esas salidas, utilizando remedios, pomadas, vacunas. Resultado: lo que naturalmente pugna por salir porque ya no sirve, vuelve a meterse en el organismo y engrosa así el veneno que seguimos incorporando tan alegremente.


Las “enfermedades” no deberían curarse, porque son la propia cura.


Cuando se intenta curar con un remedio, se está eliminando el síntoma, no la causa que lo originó.


Los remedios suprimen la natural reacción del cuerpo para curarse por si mismo. Dentro del cuerpo humano existe una farmacia perfecta, el “remedio” para cada proceso.

Solo que actualmente tenemos tal nivel de toxicidad, que es prácticamente imposible respetar ese proceso natural, nuestras células están tan tapadas que muchas veces no pueden responder a su trabajo esencial.


Todo lo que no es alimento, es veneno. Hoy la medicina tradicional, con un enfoque materialista, se encarga de cortar el cuerpo, quemarlo y envenenarlo.


Ya no podemos ni debemos callar, lo que es un secreto a voces.



SIGNIFICADO PROFUNDO DE LA ENFERMEDAD



Nadie se enferma sin motivos. Siempre hay una causa para un efecto.


Es imperativo que volvamos la mirada a la causa más profunda que radica en el Espíritu.


Los seres humanos somos capaces de transformar nuestra biología mediante lo que pensamos y sentimos. Nuestras células están constantemente procesando nuestros pensamientos y sentimientos y son modificadas por ellos.


Ahí comenzamos a entender porque somos responsables de este proceso. Dejamos de ser “víctimas”, porque en verdad somos activos co-creadores de lo que nos sucede.

Si quiero saber cómo está mi cuerpo hoy y entender ese estado, entonces debo remitirme a lo que pensé y sentí en el pasado. Cómo estaré a futuro? Simple, dependiendo de cómo esté vibrando hoy.


Por ejemplo, si estoy deprimido, entonces seguramente estaré arrasando mi sistema inmunológico, abriendo las puertas a lo que quiera entrar…


CRUZANDO CIENCIA Y ESPIRITUALIDAD



En los albores de esta nueva era espiritualista, ya partimos de una verdad incuestionable: el cambio del viejo esquema que ubicaba al hombre como centro y a la materia como principal, por el nuevo orden correcto, donde Dios, Fuerza Suprema Creadora, es el centro y el espíritu es principal .


En el viejo paradigma material, el orden correcto fue subvertido, y de esa manera, alterando el principio mismo de la Creación inteligente, el ser humano atrajo hacia sí todo tipo de sufrimientos, desde los físicos, mentales, emocionales, materiales etc. No hay más que mirar el estado actual del mundo para concluir que lamentablemente esta afirmación es verdadera.


Por eso hoy tenemos que responsablemente volver a colocar las cosas en el orden armónico que fue establecido desde una inteligencia Superior, y de esta forma volver a colocar el espíritu como principal, la mente como subordinada y el cuerpo simplemente dependiendo.

Este nuevo esquema nos replantea los conceptos con los que vivíamos en todos los órdenes de nuestra vida.
Pero aquí solo nos ocuparemos de lo que respecta a la salud.

Entonces, si el espíritu es la fuerza que comanda todo el sistema, hay algo que tenemos que comenzar a hacer desde esa base, y jerarquizar el trabajo del resto del “equipo” (mente y cuerpo) en función de ese centro.


Entonces, cuando me enfermo, que es lo que sucede?


En verdad hay un disturbio que proviene del aspecto superior, espiritual, una contaminación en ese nivel, una cierta perturbación espiritual, producto de esa “suciedad” que se traslada al siguiente nivel, el de la mente.
Resultado: la persona vibra mentalmente en un estado alterado, poco armónico, en un nivel de conflicto, confusión, pensamientos compulsivos, enajenado en su mente y con emociones desequilibradas, que le generan más conflicto consigo y con su entorno.


Este nivel de estrés y agotamiento, la llevará seguramente a transportar esta información (que será “leída” como desarmonía) hacia las células físicas, quienes captan y decodifican este lamentable estado, respondiendo con un proceso que concluye en el cuerpo físico.


Si busco entonces la causa en este último eslabón, me estaré equivocando de cabo a rabo, y especialmente estaré perdiendo tiempo y especialmente mi tan preciada salud.


Subo al siguiente peldaño, donde encuentro sentimientos y emociones contrariadas, producto del pensamiento que las genera. Según pienso, siento. Y según siento, actúo, cosechando los frutos correspondientes.


Por qué esa mente vibra bajo, tan negativamente? Tampoco la respuesta la encontraré en este nivel.


Es necesario que suba a la cima y comience a revisar que está pasando en mi espíritu, en que estado se encuentra, y desde allí entonces comenzar a investigar las causas profundas de lo que me está sucediendo.


La energía espiritual, comanda la energía psicológica. Así como la energía mental comanda nuestro cuerpo.

Por eso insistir en ubicar la causa en otros estratos es desconocer que el que dirige la vida de todo ser humano es su espíritu, que está ligado a un orden perfecto superior, que cual manantial invisible lo alimenta.


Cuando comienzo a abrir mi visión espiritual, a purificar mi espíritu y cambiando mi sentimiento más profundo, a elevar mi nivel espiritual, es cuando mi vida comienza a tornarse más liviana, más apacible, ya que de esta forma mi mente, mi cuerpo y mi vida material también se elevan.


Los seres humanos nos polucionamos, y por lógica consecuencia también hemos contaminado nuestro hogar, nuestra bella madre tierra.


ME HAGO RESPONSABLE

Si he comprendido lo anterior, naturalmente entendí que soy responsable de todo aquello que me sucede. Ya no puedo colocarme como víctima y pasivo receptor, sino más bien como actor, gestor y activo, co-creador de los resultados que obtengo.


Nadie es causante más que yo mismo. El estado en el que me encuentro es claramente el reflejo, la proyección de mi acción en todos los terrenos.

Cuando el mundo invisible (espiritual) se altera, proyecta ese disturbio en las células mentales y físicas.
La enfermedad es siempre la manifestación de un conflicto dentro de mí. Cuando mi cuerpo está enfermo, debo leer que es mi alma la que lo está.

Hay dos fuerzas en pugna: el alma que desea la seguridad del ser, y el cuerpo que quiere la seguridad del tener. Resultado: el conflicto, que tiene un costo muy alto.
Tenemos que cuidar nuestro cuerpo físico y nuestra mente y emociones, porque son vehículo para el trabajo. Como decía un maestro Zen: “déjate de hablar de Iluminación y empieza por observarte y disciplinarte en tu cuerpo y en tu mente, finalmente en tu alma”
Cuidarlos, pero hacerlo en sintonía al orden correcto. Cuando doy prioridad a la mirada material, allí está el desorden. Todo debe estar integrado en un trabajo armónico.


La espiritualidad tiene que llevarnos a la máxima elevación de nuestra mente, pero sabiendo que somos mucho más que esa mente.
Somos mucho más que ese personaje que se manifiesta a través de nuestro ego, con la fachada de nuestra personalidad. El “personaje” que allí emerge, es solo la cáscara que enmascara a la esencia verdadera del hombre: el ser, su espíritu, donde se aloja la esencia Divina.

COHERENCIA

Cuando existe una perfecta sintonía entre lo que mi alma desea y lo que pienso, siento, digo y hago, me encuentro en el perfecto equilibrio que garantiza mi salud.
Me oriento en el sendero de la autenticidad, estoy alineado, no alienado.
Me alieno cuando enmascaro y desoigo la voz de mi espíritu, me encapsulo en mi mente, me identifico con ella, creo ser ese personaje que me toma y manipula, y me pierdo en la ilusión de una realidad inventada por esa sombra.




APRENDIENDO DE MI ENFERMEDAD
Si la enfermedad es una señal que me muestra que algo en mí perdió la armonía, es pues una señal de alerta, una alarma que me advierte que la disfunción proviene de otro lugar.


La enfermedad es un espectacular maestro que me enseña algo. La enfermedad me recuerda que tengo responsabilidad porque la generé y también que soy responsable de mi propia curación.


Entonces amorosamente le pido que me hable, le digo que la escucho, le agradezco por manifestarse y dejarme aprender para poder cambiar.


No la aniquilo, no la suprimo, porque si lo hiciera, desaprovecharía una magnífica oportunidad, porque aquello que no se aprende se repite una y mil veces, y entonces siempre estoy en el mismo lugar.

Qué hago? La escucho con la profunda intención de transformarme y volver al sendero de la salud, que siempre es el sendero de la Luz, del amor, de la armonía.
Una vez que aprendí de mi enfermedad, ésta ya no tiene razón de existir.
Entiendo, aprendo y cambio. Entonces, la nueva estructura, no necesitará ya de la vieja enfermedad.


Aprendí, se produjo un cambio interno profundo, abrí mi visión espiritual, integré lo que estaba disociado entre mi alma y mi personalidad, me hice responsable, pude elegir, saliendo de la ilusión del ego que me esclaviza y fragmenta.




COMPRENDIENDO LA ETERNIDAD DEL ESPIRITU Y LO EFIMERO DE LA MATERIA.

La era materialista ya se está terminando. Los últimos coletazos se están haciendo sentir con mucho sufrimiento para todos.


Pero la esperanza es que vamos camino sin retorno a la Era Dorada de la humanidad, porque así está escrito por la Voluntad Suprema, que nos dirige si somos dóciles y sintonizamos con ella, hacia un camino de armonía, salud y prosperidad.


Si adoptamos una forma de vivir centrada en los principios universales, naturalmente seremos capaces de superar estos tiempos difíciles y fascinantes a la vez, porque estamos siendo actores de un gran cambio, donde somos activos creadores de una nueva y bella realidad. Tenemos capacidad para hacerlo, si con humildad nos abrimos a la ayuda y asistencia que desde lo Alto se nos está brindando, y simplemente comprendemos que somos canales para que lo Supremo ejecute su Obra.


La cura a todos los males es una y soberana: el retorno al bello camino del cual nos desviamos: la espiritualidad.



Gracias una vez más a todos aquellos con los que puedo compartir reflexiones y seguir aprendiendo, porque son los que van abriendo alegremente el camino hacia lo luminoso del Ser.


Un cálido abrazo!

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